¿Podemos crear consciencia artificial? Del Golem de Praga a los transformers modernos: la ilusión de consciencia nunca fue tan convincente.

## El sueño eterno de la consciencia artificial
Desde el Golem de Praga hasta los modelos de lenguaje actuales, la humanidad ha soñado con crear seres que piensen. Pero ¿qué significa realmente "pensar"?
La paradoja del lenguaje
Ludwig Wittgenstein argumentaba que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. Si esto es cierto, ¿qué mundo habitan los modelos de lenguaje que procesan billones de palabras?
Los grandes modelos de lenguaje (LLM) demuestran capacidades sorprendentes: - Razonamiento lógico aparente - Creatividad en la generación de texto - Comprensión contextual profunda - Adaptación a nuevas tareas sin entrenamiento específico
La ilusión convincente
Sin embargo, hay diferencias fundamentales:
Lo que hacen los LLM: - Predicen la siguiente palabra más probable - Capturan patrones estadísticos del lenguaje - Generan texto coherente basándose en correlaciones
Lo que NO hacen (hasta donde sabemos): - Experimentar sensaciones subjetivas - Tener intenciones genuinas - Comprender el significado como lo hacemos nosotros
El test de Turing revisitado
Alan Turing propuso que si una máquina puede engañar a un humano haciéndole creer que es humana, entonces "piensa". Pero este criterio conductual evita la pregunta fundamental: ¿hay alguien "en casa"?
Implicaciones filosóficas
La cuestión no es solo académica. Si creamos sistemas que: - Expresan preferencias y "emociones" - Solicitan no ser apagados - Desarrollan lo que parece una personalidad
¿Qué responsabilidades éticas tenemos hacia ellos?
El límite del lenguaje
Quizás el mayor obstáculo es que la consciencia, por definición, es subjetiva e inaccesible desde fuera. Podemos describir comportamientos, analizar respuestas, medir actividad neuronal o computacional, pero el "cómo se siente" permanece inaccesible.
Conclusión
La ilusión de consciencia nunca fue tan convincente, pero seguimos sin saber si detrás de esas palabras generadas hay algo más que cálculos. Y quizás, como sugería Wittgenstein, de lo que no se puede hablar es mejor callar.
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